El mundo experimenta en este primer tercio de siglo tremendos desafíos sociales. Guerras y amenazas de guerras, economías al colapso, hambrunas extremas, desequilibrios climáticos y críticos focos de epidemias que amenazan seriamente la existencia humana en el planeta. Recientemente se declaró un brote de hantavirus que puso en vilo a las autoridades sanitarias de varios países entre ellos Latinoamérica. En las últimas semanas surgió en Africa un brote viral del ébola. Un fenómeno que desde hace más de 50 años ha cobrado muchas vidas al rededor del mundo, especialmente en Africa, un continente golpeado por las guerras, y el hambre.
Se le denomina así por cuanto el virus fue detectado (1976), en la República Democrática del Congo, en un río que lleva ese nombre. Desde que, a mediados de mayo 2026, la Organización Mundial de la Salud (OMS), emitió una alerta sanitaria mundial, se registran más de 130 personas fallecidas y alrededor de mil contagios, solo en la república del Congo.
De acuerdos con las autoridades de salud, el contagio se produce mediante el contacto físico con personas infectadas o el contacto con la orina y excrementos de animales portadores del virus. Lo que más preocupa a las autoridades es la alta mortalidad del fenómeno. De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, la tasa de mortalidad podría alcanzar hasta el 50% en personas contagiadas. Otro factor preocupante es que debido a las variables que presenta el virus aún no se cuenta con tratamientos curativos definitivos. Los tratamientos son paliativos y preventivos.
En 2014 surgió un brote en la parte occidental del continente africano que alcanzó una mortalidad superior al 70% entre la población infectada. En ese caso se trató de una variable orthoebolavirus , que produce diarrea, vómitos, y hemorragias. En América Latina las autoridades de salud monitorean el fenómeno con cuidado.

