¿Existe realmente una crisis política en Costa Rica?
La situación a la que ha llegado el país no es un accidente. Es un fenómeno que se fue gestando gobierno tras gobierno y décadas de malas praxis.
Para visualizar el origen de este fenómeno debemos remontarnos a varias décadas. Finales de los 80s y 90s que marcaron el bipartidismo.
Existía una pugna de poder entre las fuerzas del partido social demócrata (Liberación Nacional) y el partido social cristiano (Unidad Social Cristiano). De ambos lados existió el surgimiento de importantes líderes.
Costa Rica en esos años ostentaba un desarrollo importante en distintos ámbitos social y económico. Su umbral de desarrollo lo ubicó por encima de los otros países de la región. Sin embargo, la situación comenzó a experimentar importantes cambios a partir de la introducción de nuevas fuerzas políticas.
Ya para 2002 existían otras tres importantes fuerzas políticas, Frente Amplio, Movimiento Libertario y Acción Ciudadana. Poco a poco estas fuerzas fueron introduciendo simpatía entre los votantes y ganar escaños en la Asamblea Legislativa.
Con ello también el país se fraccionaba en varios frentes y comenzaron a resurgir viejas tendencias, como la izquierda socialista en PAC y FA y el Libertario más de centro. Los dos grandes perdían adeptos y ante tantos hechos de corrupción sacados a luz pública por las autoridades y medios de comunicación, el PLN y PUSC perdían credibilidad.
Toda la migración de simpatizantes de estos partidos fue empoderando a los llamados minoritarios. Hasta que en 2014 Luís Guillermo Solís del PAC ganó las presidenciales y rompió con el monopolio de poder del bipartidismo.
Esta gobernanza suponía para el electorado y los costarricenses en general un cambio de rumbo del país. Pero a la vista un problema, al que administración Solís Rivera llamó «Ingobernabilidad».
¿A qué se referían con ese término? No era otra cosa que el entrabamiento de proyectos en la Asamblea Legislativa dominada ampliamente por los partidos grandes.
Desde ahí hacían un control politico impulsando sus propios proyectos y frenando aquellos que impulsara el ejecutivo. Lucha férrea entre el poder ejecutivo y los diputados de oposición.
Desde la segunda década del siglo XXI se comenzó a evidenciar una tendencia muy particular. Las nuevas generaciones de electores se fueron desvinculando del partidismo para centrar el voto en los candidatos. Sin importar banderas, los jóvenes costarricenses le apostaban a las cualidades de los candidatos.
En medio de estas condiciones aquí planteadas, llega al poder Rodrigo Chaves Robles, un economista que no pertenece a la casta política.
Sus ideas gustaron y convencieron al electorado, pero más su forma única de gobernar. Al final de su gobierno contaba con más del 70% de popularidad, el más alto de los últimos 50 años. Pese a su buena voluntad por lograr el mayor número de proyectos, se topó con la ferrea oposición cuyos diputados eran mayoría en el congreso.
Llegamos al 2026, Laura Fernández Delgado asume como fiel representante de los ideales de su antecesor. Esta vez el partido de gobierno posee mayoría simple en la Asamblea Legislativa. Existe poco margen para que la oposición haga control politico, menos en un contexto donde la fracción oficialista se repartió las comisiones.
Para la oposición quedaba un recurso, ejercer la influencia sobre el poder judicial y tratar desde ahí, entorpecer las acciones del oficialismo. Recursos de amparo y resoluciones de Sala IV o Sala Constitucional. Todo se politiza y el resultado, el país no avanza.
